Los hijos necesitan independizarse de sus familias para poder crecer. Retenerlos es no permitirles realizar sus vidas. Santiago, un adulto discapacitado mental severo, merecía también tener esta oportunidad.

Aunque nos cuesta y mucho considerar un cambio tan importante porque son vulnerables y dependientes, porque sentimos que los abandonamos, porque no los creemos capaces, y porque nos parece una actitud egoísta de nuestra parte, dar este paso es trascendente para ellos y para nosotros.
Es muy difícil convivir con una persona discapacitada que precisa ser atendida las 24 horas. La familia, impactada por su presencia, tiene que fortalecerse continuamente. Los padres y hermanos se ven lastimados por el dolor y la frustración, y se debaten entre la culpa y la responsabilidad.

Para las familias, ASANA es un soporte importante, un lugar donde apoyarse. ASANA ayuda a superar la simbiosis que se crea entre hijos y padres, y los acompaña a crecer y separarse sanamente.
ASANA ofrece un lugar de contención y cuidado integral. Cuenta con un equipo de médicos y profesionales especializados en discapacidad. Es un Centro Educativo Terapéutico con Hogar permanente. Ubicado en un espacio privilegiado donde quienes lo comparten conviven con plantas y animales, donde se puede hacer ruido y donde viven con compañeros con sus mismas dificultades. Un lugar propio donde la actividad del día es de aprendizaje y de cuidado.

Mucho cuidado, mucho amor. Cuidado a la hora de elegir la comida, los colchones, la ropa, la diversión.
Un lugar de puertas abiertas, donde puedan desarrollarse según sus posibilidades y no según nuestras expectativas. Donde puedan a su manera elegir actividades de música, arte, natación, jardinería, cocina, trabajos prácticos y salidas recreativas.
Es allí cuando la esperanza realista nos impulsa a nuevos proyectos, a relacionarnos mejor con el entorno, a ser una escuela de vida no solo para los residentes, alumnos, internados o como queramos llamarlos. Porque no tienen etiqueta, son Santi, Guille, Ale, Lola…

Personas adultas, con gustos y necesidades propios, personas que merecen el mayor de mis respetos, ya que son ellos los que cargan con la mochila. Nosotros sólo somos sus compañeros de ruta, los intérpretes de sus deseos y sueños que, aunque difíciles de entender, intentamos traducir.

Brindo por los que los guían y acompañan todos los días, y por ellos, mis maestros.



Mercedes Braun, mamá de Santiago.

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